miércoles, 2 de junio de 2010

13 de Junio: San Antonio de Padua

Decir que San Antonio fue un incansable peregrino desde cuando decidiera unirse a los hermanos menores de Francisco de Asís, no es decir nada nuevo. Además, peregrinar, caminar y caminar, de pueblo en pueblo, de una región a otra, era lo más común, sobre todo en aquellos que habían elegido ser pregoneros de la buena noticia de Jesús. Seguir a Jesús significaba también para sus discípulos, estar decididos a andar caminos. Así lo hicieron los apóstoles en la Iglesia que nacía, así también lo hicieron los hermanos menores nacidos en Asís en pleno medioevo, y entre ellos Fernando, o mejor, Antonio, cuando abandonando la Orden de los Canónigos regulares de San Agustín, dejó su amada tierra natal en Portugal, para permitir que el Espíritu del Señor lo llevara adonde quisiere.
Pero si bien Antonio cerró sus ojos al mundo en el mes de junio del año 1231 en las afueras de la ciudad de Padua, podemos decir sin temor a equivocarnos, que su peregrinación no se detuvo con su muerte, sino que continuó, y continúa también hoy, cuando la historia de su vida y el mensaje que él dejara cual semilla arrojada en el surco allí donde pisaron sus pies de peregrino, sigue conociéndose en el mundo, sin encontrar fronteras que limiten o impidan su paso por el corazón de tanta gente que lo recibe con inmensa gratitud.
San Antonio, peregrino del mundo, ayer, hoy y mañana también. La multitud de hermanos y hermanas que lo admiran y recurren a su intercesión para pedir la gracia de estar más cerca de Dios, confirman esta verdad. Antonio de Padua no ha pasado a la historia, no es un hecho que pertenece a un pasado lejano, San Antonio es presente, en todos los continentes, en todo el planeta, y quienes lo observamos desde el sur, podemos afirmar que no hay rincón en América Latina, donde su nombre no sea afectuosamente pronunciado.
Decía don Atahualpa Yupanki, un célebre poeta de nuestra tierra: “Es mi destino, piedra y camino, de un sueño lejano y bello, soy peregrino”. Creo que muy bien podríamos aplicar hoy a nuestro querido Antonio estos inspirados versos, que nos hablan de una vida que pasa dejando huellas en los caminos, también esos que muchas veces lastiman los pies con sus piedras, pero siempre rumbo hacia la concreción de ese lejano y bello sueño que para el corazón de un creyente no es otro que el de llegar a Dios. Antonio ha llegado ya hace tiempo, y desde ese sueño cumplido nos sigue acompañando. ¡Paz y Bien!