domingo, 5 de junio de 2016

Zaragoza y San Antonio (Articulo en e nº 318 de la revista Acción Antoniana de 1955)

La comunidad de franciscanos de Zaragoza, que desde el presente año es totalmente valenciana, ha sabido informar a toda la barriada del Arrabal del espíritu eminentemente franciscano que sienten los Padres que moran en dicho convento. Pero ese espíritu se pone de manifiesto de un modo especial en la honda devoción a San Antonio que en este barrio se siente.
Martes de San Antonio. — Todos los martes del año se celebran solemnes funciones, dedicadas al Santo paduano, tanto por la mañana como por la tarde, tomando parte numerosa concurrencia antoniana, que sabe obsequiarle con verdadera devoción y cariño, ya que San Antonio es el amo de esta popular barriada. En este año no solamente se dio Pan todos los martes de San Antonio, sino también en los primeros domingos, que tiene la Pía Unión de San Antonio su función mensual.
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Comunión de los niños de las escuelas de la Purísima y San Antonio, PP. Franciscanos, el día de la Ascensión, con el Padre en cargado del Catecismo, Ladislao Ríos y el Hno Pedro Ares.
Triduo de la Lengua. —Todos los años se celebra solemne triduo a la Lengua de San Antonio. Este año fue solemnísimo. Cantos y letrillas y brillantes sermones por el P. Vicario Fr. Bernardino Rubert fueron las notas de este triduo brillante, devoto y concurrido.
Solemne novenario y fiesta. — La gran devoción de esta barriada a San Antonio se demostró, sobre todo, en la novena y fiesta que anualmente se le dedica. Los pajes y acólitos, con sus lindos trajes y con sus brillantes sotanitas, han dado realce a este solemne novenario. Pero, sobre todo, la predicación fervorosa y reposada del P. Provincial Fr. José A. Arnau. El día de la fiesta se predicó mañana y tarde.
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Vista parcial de la procesión de San Antonio en la Avenida del Puente del Pilar.
Al fondo, una señorita antoniana portando la bandera de la Pía Unión de San Antonio.
Merece punto y aparte la Primera Comunión de la Catequesis Antoniana. Una cantidad de niños de primera Comunión, algunos vestiditos con el hábito de San Antonio, ostentando el lirio y el libro, dieron realce a este simpático día, que fue de gran luminosidad y de extraordinaria concurrencia. La palabra elocuente del P. Rubert, Vicario de la comunidad, fue una de las notas brillantes de este solemnísimo día que tan gratos recuerdos dejó en esta populosa barriada, tan amante de San Antonio de Padua. El P. Ladislao Ríos, Director de la Pía Unión Antoniana y de la Catequesis, ha sido el factor principal de estas fiestas solemnes que tanto entusiasmo han despertado en este barrio de Jesús, lo mismo que las señoritas que componen la Junta.
Procesión solemne. — Pero lo más extraordinario de todo lo celebrado en este año ha sido la solemne procesión del día 19 de junio. No se puede celebrar el día propio del Santo por celebrarla la parroquia, pero el domingo se volcó toda la barriada para homenajear a San Antonio.
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Niños acólitos y pajes de San Antonio al pie de la carroza del Santo.
Sobre artística carroza, cubierta de lirios y de azucenas, salió la artística imagen del Santo por las calles y calzadas de esta popular barriada. La gente hizo honores a este su especial Santo que le ofrece sus corazones. La concurrencia fue numerosa, y las calles y balcones con colgaduras adornadas fueron el exponente de lo mucho que se quiere a este glorioso Santo paduano. Al llegar a la gran plaza dé Jesús, lugar donde en el siglo pasado se levantaba el célebre convento de Jesús, el P. Bernardino Rubert dirigió una brillante y encendida arenga que obligó a todos a corearle con aplausos entusiastas y vítores de entusiasmo.
La entrada de la imagen del Santo en la capilla fue el delirio de entusiasmo y amor.
La más cumplida enhorabuena al P. Guardián Fr. Gil Sendra, al P. Ladislao Ríos, alma y vida de las asociaciones antonianas; a la Junta de señores que tanto se desvelan por extender la devoción antoniana, y a la Junta de la Catequesis Antoniana, que trabaja con tanto interés por propagar la devoción de San Antonio en este barrio de Jesús.
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Los pajes de San Antonio formando guardia de honor delante del Santo.
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Escuela de los PP. Franciscanos de Zaragoza. Hnos Pedro Ares, Ladislao (Antonio) Rios, Gil Sendra y

Florecilla de San Antonio

San Antonio de Padua nació a la luz del mundo un día 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen Santísima en cuerpo y alma a los cielos; ocho días después fue bautizado en un santuario consagrado al culto de esta gloriosa Reina, y después toda su vida no fue sino un tejido de alabanzas y de obsequios a María. Para solaz de nuestros lectores, voy a narrarles una de las apariciones milagrosas con que la Virgen quiso premiar la devoción de su siervo.
En los primeros años de su ministerio se trasladó San Antonio a Tolosa de Francia, en donde la herejía albigense hacía cada día más víctimas del error. Pronto logró el Santo imponerse con su avasalladora elocuencia a aquella turba de fanáticos; y pronto fue muy crecido el número de conversiones obradas por los penosos y continuos trabajos que se impuso en la predicación de la verdadera fe. Y Dios, que nunca se deja vencer en generosidad, le hizo objeto de un favor maravilloso en prueba de lo grato que le eran sus servicios y apostólicas tareas.
Es el día 14 de agosto, víspera de la festividad de la Asunción de María a los cielos. En el rezo de prima debía leerse el anuncio de la solemne festividad de la Asunción; mas como el Martirologio que allí usaban pusiese en duda tan glorioso misterio, no se atrevía el Siervo de Dios a acudir al coro, temeroso de que al oír esta lectura tan poco decorosa a la gloria de María fuese asentir implícitamente a ella.
Hallándose, pues, envuelto en un mar de confusiones y sin saber a qué lado inclinarse, dirigió a los cielos su mirada impregnada en llanto, y quedó al punto sobrecogido de admiración y pasmo al ver como, hendiendo los espacios, venía hacia él la Madre del Verbo divino, radiante de fulgor y belleza, con los pies envueltos por arrebolada nube y circundada la frente por luminosa aureola. Se llegó a él la soberana Reina, y colmándole de maternales caricias le aseguró de la realidad del misterio de su Asunción, y después de haber pasado algún tiempo en amorosos coloquios con su fiel Siervo, se alejó de su presencia, prometiéndole especial ayuda en los sucesos más peligrosos de su vida.