El próximo día 26 de marzo,
tendrá lugar en nuestra parroquia, una conferencia cuaresmal, bajo el título
"Peregrinos de Esperanza", y que será impartida por el Vicario
Episcopal de Pastoral de la Archidiocesis de Zaragoza.
El próximo día 26 de marzo,
tendrá lugar en nuestra parroquia, una conferencia cuaresmal, bajo el título
"Peregrinos de Esperanza", y que será impartida por el Vicario
Episcopal de Pastoral de la Archidiocesis de Zaragoza.
Regreso del hijo pródigo de Rembrandt
"Loado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor,
y soportan la enfermedad y la tribulación. // Dichosos aquellos que las
soportarán en paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán." (Cántico de
las criaturas, San Francisco de Asís).
Paz y bien a todos.
Iniciamos la cuaresma con el rito de la imposición de la
ceniza. Un tiempo de gracia que Dios nos regala, para la conversión, para
volver a Él y acoger su amor y perdón. Es el tiempo para recorrer el camino que
nos conduce a la Pascua, a la victoria de Cristo sobre la muerte, después de
pasar por la pasión ("enfermedad") y la muerte.
Sólo el amor de Dios, su misericordia para con
nosotros, nos permite perdonar a los que nos hacen daño. Y así gozar de la
felicidad de Cristo.
Sólo desde la aceptación, en paz, de la limitaciones físicas
y espirituales, es decir cuando las vivimos desde la confianza en Dios y desde
sus entrañas maternales, podemos triunfar con Cristo y resucitar con Él.
Aprovechemos la oportunidad que se nos regala y
recorramos, liberados de todo impedimento y con viva esperanza, el camino
cuaresmal, para llegar a la meta de la Pascua, razón de nuestro existir.
Fructífera cuaresma para todos.
La Cuaresma (en latín: quadragesima, ‘cuadragésimo día (antes de la Pascua) es el tiempo litúrgico del calendario cristiano destinado a la preparación espiritual de la fiesta de la Pascua. Se trata de un tiempo de purificación e iluminación, celebrado en la Iglesia católica, ortodoxa, anglicana, y buena parte de las Iglesias protestantes (incluyendo algunas evangélicas), aunque con inicios y duraciones distintas.
En el rito latino, la Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza y termina justo antes de la "Misa de la Cena del Señor" en la tarde del Jueves Santo. La duración de cuarenta días proviene de varias referencias bíblicas y simboliza la prueba de Jesús al permanecer durante 40 días en el desierto previos a su misión pública. También simbolizan los 40 días que duró el diluvio, además de los 40 años de la marcha del pueblo israelita por el desierto y los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. A lo largo del tiempo de Cuaresma, los cristianos son llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de penitencia y reflexión. La Cuaresma tiene cinco (5) domingos más el Domingo de Ramos (seis en total), en cuyas lecturas los temas de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, son dominantes. No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y recogido. Es, por excelencia, el tiempo de conversión y penitencia del año litúrgico. Por eso, en la misa católica no se canta el “Gloria” al final del acto penitencial (excepto el jueves santo, en la misa de la cena del Señor), ni el “Aleluya” antes del evangelio. El color litúrgico asociado a este período es el morado, asociado al duelo, la penitencia y el sacrificio a excepción del cuarto domingo que se usa el color rosa y el Domingo de Ramos en el que se usa el color rojo referido a la Pasión del Señor.
Desarrollo histórico
Existen evidencias de la existencia de prácticas cuaresmales, en particular del ayuno como preparación de la Pascua, desde fines del siglo II y principios del siglo III. Desde el año 322 existen noticias de la cuaresma en Oriente, mientras que en Roma se celebró con seguridad al menos desde 385. En los primeros tiempos de la Iglesia, la duración de la cuaresma variaba. Finalmente en el siglo IV se fijó su duración en 40 días, con inicio seis semanas antes del domingo de Pascua. Por tanto, un domingo llamado precisamente «domingo de cuadragésima».
En los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal, presentándose un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en domingo por ser día de fiesta, la celebración del Día del Señor. Para respetar el domingo y, a la vez, tener cuarenta días efectivos de ayuno durante la cuaresma, en el siglo VII, se agregaron cuatro días más a la cuaresma, antes del primer domingo, estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto. Son exactamente cuarenta los días que van del Miércoles de Ceniza al Sábado Santo, sin contar los domingos.
Calendario
La Pascua tiene mucha relación con el calendario agrícola y el tiempo de renovación de la tierra. Para calcular su celebración se toman en cuenta el sol y la luna (sol de primavera y luna llena). En ese sentido, se debe buscar el primer domingo posterior a la primera luna llena de primavera septentrional (Hemisferio Norte). Una vez encontrada la Pascua, se cuentan cuarenta días antes para fijar el primer día de la cuaresma, es decir, el correspondiente al llamado "miércoles de ceniza" (los domingos, según se explica arriba, no se tienen en cuenta para hacer este cálculo).
Según el pasaje del Libro de Isaías 58:6-9 utilizado en celebraciones litúrgicas cuaresmales, el ayuno agradable a Dios consiste en compartir el pan con el hambriento, dejar entrar en la casa a los pobres sin techo, vestir al que se ve desnudo y no volver la espalda a los demás.
La práctica de la Cuaresma data del siglo IV, cuando se da la tendencia para constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia de ingesta de carne. Conservada con bastante vigor —al menos en un principio— en las iglesias de Oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma se aligeró en Occidente, aunque debe observarse un espíritu penitencial, de conversión y de oración.
En el presente, más que el simple ayuno de comida, se incentivan prácticas que afectan áreas más personales de la vida: «se trata de ayunar de la comodidad, de una vida fácil, de la mínima resistencia, de la mentalidad gregaria, del placer por el placer. Y sobre todo, se trata de ayunar del poder, la autocomplacencia y la gloria [...] ayunar de egoísmo, insensibilidad e inhumanidad. Es ayunar de competitividad y beneficios a costa de otros; de las formas de proceder del mundo y de los reinos construidos con la acumulación de bienes a costa de las enormes necesidades de todos los que habitan en la tierra», como forma de interpretar un pasaje bíblico utilizado en la liturgia de Cuaresma:
Ustedes ayunan entre peleas y contiendas, y para dar de puñetazos a malvados.
No ayunen como hoy para hacer oír en las alturas su voz.
¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero?
Desatar los lazos de maldad, deshacer las amarras del yugo,
dar la libertad a los oprimidos, y romper toda clase de yugo.
Partir tu pan con el hambriento,
hospedar a los pobres sin techo,
vestir al que veas desnudo y
no apartarte de tu semejante.
Entonces brotará tu luz como la aurora,
y tu herida se curará rápidamente.
Te precederá tu justicia, la gloria del Señor te seguirá.
Entonces clamarás, y el Señor te responderá. Pedirás socorro, y dirá: «Aquí estoy».
(Libro de Isaías 58:4.6-9)
Fray Francisco M. González Ferrera, OFM
Así dice el Señor, que
abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a
batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no
levantarse, se apagaron como mecha que se extingue.
«No recordéis lo de
antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo
nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?
Abriré un camino por
el desierto, ríos en el yermo.
Me glorificarán las
bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el
desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el
pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza».
Palabra de Dios.
R. El Señor ha
estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Cuando el Señor cambió la suerte de
Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R.
Hasta los gentiles decían: «El Señor
ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R.
Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R.
Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R.
Hermanos:
Todo lo estimo pérdida comparado con la
excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Por él lo perdí todo, y todo lo estimo
basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la
de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de
Dios y se apoya en la fe.
Para conocerlo a él, y la fuerza de su
resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte,
para llegar un día a la resurrección de entre los muertos.
No es que ya haya conseguido el premio,
o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo
Jesús lo obtuvo para mí.
Hermanos, yo no pienso haber conseguido
el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome
hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al
que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.
En
aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó
de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les
enseñaba.
Los
escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y,
colocándola en medio, le dijeron:
—«Maestro, esta mujer ha sido
sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las
adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y
poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con
el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se
incorporó y les dijo:
—«El que esté sin pecado, que le tire la
primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió
escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo
uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en
medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó:
—«Mujer, ¿Dónde están tus acusadores?;
¿ninguno te ha condenado?».
Ella contestó:
—«Ninguno, Señor».
Jesús dijo:
—«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».
Palabra del Señor
REFLEXIÓN
Mirad a esta mujer. Ha perdido su aire altivo y
no se atreve ni a levantar la cabeza. Esta mujer ha pecado, ha transgredido la
ley y la ley no puede hacer nada por ella. La ley puede denunciar el pecado
pero no puede hacer nada por el pecador.
La mujer está muerta, pues todos esos hombres, que
la desnudan con la mirada, sólo ven en ella a la esposa adúltera. Se la reduce
a su pecado, y ya no puede vivir.
Mirad también a Jesús. En silencio escucha y ve la
dramática situación. Con el dedo escribe en la arena, quiero imaginar lo que
pondría: "estos no se están enterando de nada, amor, amor y misericordia
es lo que he venido a traer". Y Jesús denuncia el juicio. Su astucia
reside en abordar a los fariseos no en el terreno donde ellos atacan, sino en
el de su propia conducta: "Quien esté libre de pecado, que tire la primera
piedra". Hay que ser severos con el error y misericordioso con el errado.
Mirad a los fariseos. No buscan liberar a esta
mujer, les importa muy poco su salvación. Disfrutan siendo jueces de lo ajeno.
Y con las piedras en las manos, señal inequívoca de su dureza de corazón, para
colmo, esperan coger a Jesús en un renuncio. Y uno a uno, tanto jóvenes como
viejos, tiran sus piedras, cierran sus bocas, agachan su mirada y se marchan
consciente de sus pecados aún no reconocidos ni, por lo que se ve, necesitados
de perdón.
Y Jesús la mira, y ella alza su mirada. Es el
cruce de miradas que Dios está dispuesto hacer con todo el que se sienta
pecador: "Mujer ¿ninguno te ha condenado? Tampoco yo te condeno".
Hasta entonces nadie le había hablado. Se había hablado de ella, de su pecado.
Ahora alguien le dirige la palabra sin identificarla con su falta:"mujer".
Y a pesar de tanto derroche de misericordia, el
proceso contra Jesús ya ha comenzado. No se salva la vida de otros sin dar la
propia. Cuando rehabilita a la acusada, Jesús ya está en el monte de los
olivos. De hecho, el juicio ya está pronunciado: matar al liberador mientras
abre el camino de la salvación y el perdón. ¡Quién entiende el corazón del
hombre!
Y Cristo le dice: "yo tampoco te
condeno". No te quedes en el polvo, con los ojos vueltos hacia tu pecado,
pues Dios te llama a la vida, Dios te quiere libre: "anda, en adelante no
peques más".
Y vosotros ¿qué hacéis con vuestros pecados?¿os
acercáis a Dios? o ¿preferís mirar al pecado de los demás?
En aquellos días, el Señor dijo a
Josué:
—«Hoy os he despojado del oprobio de
Egipto».
Los israelitas acamparon en Guilgal
y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de
Jericó.
El día
siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes
ázimos y espigas fritas.
Cuando
comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no
tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de
Canaán.
Palabra de Dios
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.
Hermanos:
El que es de Cristo es una criatura
nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de
Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el
ministerio de la reconciliación.
Es decir, Dios mismo estaba en Cristo
reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a
nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados
de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio.
En nombre de Cristo os pedimos que os
reconciliéis con Dios.
Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Palabra de Dios.
un país
lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había
gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar
necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel
país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las
algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando
entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan,
mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino
adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra
ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus
jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía
estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a
correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre,
he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo
tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica
y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed
el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque
este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos
encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en
el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la
danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era
aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha
sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se
indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces
él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer
nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete
con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido
tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. Él le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso
celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha
revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
1.– El
comienzo. Lc. 15,1-3. Los publicanos y pecadores, es
decir, la gente de mal vivir, estaban felices escuchando a Jesús. En cambio,
los fariseos y los escribas (los que el pueblo tenía como santos) murmuraban
porque Jesús comía con pecadores. A estas tres parábolas, la del Pastor,
la de la Mujer que busca la moneda perdida y la del Padre Bueno, se les llama
parábolas de revelación. Con ellas Jesús quiere revelar el verdadero rostro de
Dios. A esos que explicaban las Escrituras y tenían siempre en los labios el
nombre de Yavé, les va a decir que no tienen idea de lo que es Dios. Sólo el
Hijo, el que ha vivido siempre con el Padre, nos lo puede revelar. (Jn.1,18). Y
lo hace con estas parábolas maravillosas. Un gran especialista en parábolas, el
Dr. Jeremías, nos dice que siempre en las parábolas hay que ir al núcleo
esencial. ¿Y cuál es el núcleo esencial de estas parábolas? Responde:
LA INSENSATEZ. Sólo un pastor insensato busca una oveja
abandonando las 99 en el corral. Sólo un Padre que ha perdido el juicio trata
de esa manera a ese hijo que es un auténtica calavera. Sólo una mujer de pocas
luces, al encontrar una moneda de poco valor, invita a una fiesta a sus amigas.
Conclusión: Dios ha perdido el juicio, se ha vuelto loco, pero “loco
de amor al hombre. Y esa “locura de amor, por parte de
Dios, va a ser el mensaje que su Hijo viene a revelarnos”.
2.– El centro fundamental de la Parábola: Los
gestos exagerados. – Un padre no entrega nunca la
herencia al hijo en vida. La costumbre era entregarla después de la muerte.
– Un padre nunca corre a buscar al hijo. Según la costumbre, el
padre está sentado en casa. Es el hijo el que debe venir a buscarlo. – Y,
cuando viene el hijo, el padre podía haber adoptado varias actitudes más
razonables: A) Podía haberle dado lo que el hijo pedía: entrar en casa, pero
como un obrero, no como hijo. B) O bien, podía haberle perdonado, pero dándole
una amonestación: Te perdono y te doy una nueva oportunidad. Pero si vuelves a
hacer lo mismo aquí no entras más. C) El padre podía haberle perdonado diciendo:
Eres el mismo que antes. Sé que eres joven y se te han cruzado los cables.
Olvida todo. Haz que esto sea un paréntesis, un episodio, pero vuelve a casa
como si nada hubiera pasado. Eres el mismo de antes. Incluso te devuelvo “las
sandalias” símbolo del poder de una persona. Y el “anillo” de sus riquezas. Te
nombro de nuevo, heredero –con tu hermano– de los bienes. Aquel muchacho se
hubiera sentido el más feliz del mundo.
– Sin
embargo, el padre hace lo inaudito: corre, besa al hijo, le abraza, no le deja pedir
excusas, le calza, le viste… y manda matar el ternero gordo. Todos estos
excesos, estas exageraciones, este interés por salirse de lo normal, de la
manera que uno ni siquiera hubiera imaginado…, nos quiere decir que así de
loco, así de exagerado, así de escandaloso es el amor del Padre-Dios.
3.– El final. ¿Cómo acabaría esta historia? El
evangelio no dice nada, pero tenemos derecho a imaginarla. A mí ni se me ocurre
pensar que este hijo, después de haber conocido al Padre, tuviera ya ganas de
irse de casa. En casa ha encontrado lo que le negó su aventura por las calles.
En realidad, vivió en casa “sin conocer al Padre”. Incluso
me imagino que el hijo mayor, al ver el derroche de ternura de su Padre,
acabaría aceptando la invitación de éste a entrar en la fiesta. Desde ahora ya
no viviría en casa como “obrero” sirviendo a su Señor. Experimentaría el gozo
de vivir “como
hijo” aceptando también a su hermano. Si al terminar la
parábola uno saca la conclusión de que el Padre Dios es bueno, no ha entendido
nada. Este Padre Dios es exageradamente bueno, escandalosamente bueno. Todo
puede cambiar con el “milagro del corazón”.
En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.
El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo:
—«Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza».
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
—«Moisés, Moisés».
Respondió él:
—«Aquí estoy».
Dijo Dios:
—«No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado».
Y añadió:
—«Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob».
Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.
El Señor le dijo:
—«He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel».
Moisés replicó a Dios:
—«Mira, yo iré a los israelitas y les diré:
«El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros».
Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?».
Dios dijo a Moisés:
—«»Soy el que soy»; esto dirás a los israelitas: «‘Yo-soy’ me envía a vosotros»».
Dios añadió:
—«Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación»».
Palabra de Dios.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles. R.
No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquéllos.
No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.
Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.
Palabra de Dios.
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús contestó:
—«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola:
—«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
«Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?».
Pero el viñador contestó:
«Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas».
Palabra del Señor.
REFLEXIÓN
No cabe duda de que el tema de este Domingo es la CONVERSION. Convertirse es descubrir en Cristo un nuevo rostro de Dios. En tiempo de Jesús era normal considerar los males de este mundo como “castigos de Dios”. Por eso podían pensar que los que derramaron su sangre en la época de Pilato y los que murieron aplastados por la torre de Siloé, murieron como castigo de Dios. Y de ahí se sacaba la consecuencia de que aquellos a quienes no les ocurría esas desgracias era porque eran buenas personas. Jesús se opone radicalmente a esta manera de concebir la religión. Y nos dice que aquellos que mueren de accidente o de enfermedad contagiosa, o de Corona-virus, no es por castigo de Dios. Todavía Jesús lo dejó más claro cuando le presentan un ciego de nacimiento y le hacen esta pregunta: Maestro, ¿Quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres? Y Jesús contesta: Ni él ni sus padres”. (Juan 9,2-3). El Dios manifestado en Jesús no es un Dios que castiga, sino que ama y se mete dentro del dolor humano para liberarnos. Esta idea de que nuestros males son castigos de Dios ha llegado hasta nuestros días. Por eso, incluso entre cristianos, se oye decir: ¿Qué le he hecho yo a Dios para que me castigue? Decía Santa Teresa de Jesús: “Señor, con grandes favores castigabais mis delitos”. Esa es la manera que tiene Dios de castigarnos. Incluso cuando nuestra vida se parece a esa “higuera seca que no produce frutos”, no la corta, sino que, con una paciencia increíble, la cava, la abona, la riega, la mima, para que dé fruto. Dios no nos tiene en cuenta nuestros pecados. Lo que quiere es que volvamos a Él. “A veces nos comportamos como controladores de la gracia, y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una Aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno, con su vida a cuestas”. (Papa Francisco).